
¡Oh! Ronda mía, maravilla,
más hermosa que tú, Ronda,
ni Granada ni Sevilla.
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Borracho, triste y cansáo
yo me eché sobre su cama
que olía como a jazmines,
clavo, canela, y retama.
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Plaza que la llaman de Armas,
plaza la Constitución,
dónde tu piedra de jaspe,
donde tus piedras lunares,
que se llevó la Gestión.
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Es ley pa el mundo
no haya marcha atrás
los momentos pasamos, prima, juntos
nunca volverán.
Pronto se va el tiempo
se va de las manos
corren los días como agua de río
no te lleve a engaño.
Tiré al Campo Santo
porque era Santa Ana.
pa llevarle a mi mare de mi alma
una rosa blanca.
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Monte... Monte de la Reina
por tus empinadas calles
el corazón se me alegra.
En el Peñón quiero comprá
una casita a un hebreo
que la tiene en propiedad.
Monte, carmen y jardín
el Peñón de Gibraltar
para vivir o morir.
Subí a lo alto el Peñón
y para ver las vistas
que dicen los marineros,
del mundo, las más bonitas.
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Por las calles de Tetuán
moritos vienen y van.
Unos venden en los puestos
otros le rezan a Alá.
Por la blanca medina
del divino Tetuán.
Si quieres lindos tomates
más lindos no los verás.
Si quieres pescado fresco
bajo el arco blanco están.
Por la blanca medina
del divino Tetuán.
Nuestra Sultana la Luz
todo lo quiere mirar.
Se mete por callejones
creando sombras de paz.
Por la blanca medina
del divino Tetuán.
Por la calles de Tetuán
moritos vienen y van.
Las dulces candelerías
ya empezaron a brillar.
Por la blanca medina
del divino Tetuán.
Si quieres un buen té verde
tres dirhams te costará.
Y con unos pastelitos
unos cuantos dirhams más.
Por la blanca medina
del divino Tetuán.
Nuestra Sultana la Luna
con su bello candil va.
Alumbra arcos y mezquitas
con su embrujo y majestad.
Por la blanca medina
del divino Tetuán.
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Gaucín, bello Gaucín,
espejismo blanco del río
y santuario del camino.
Con su hermoso rey niño
entre murallas y muros
de su vetusto castillo
tocado por el embrujo.
Balcón de la serranía
de tan fino arte moruno.
Gaucín, blanco Gaucín,
santuario en el camino.
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Y huele tu cuerpo, prima,
canela y clavo
quién se viera en tus ojos
trescientos años.
Pasé Jimena (¡Viva la Pepa!)
subí para la sierra
llegué a la Meca.
Alumbra este camino
Lela Marián
no veo ni mis manos
en la oscuriá.
Pasé Jimena
subí para la sierra
llegué a la Meca.
Y llegaron las lluvias
corren los ríos
vendrá la primavera
luego el estío.
Pasé Jimena
subí para la sierra
llegué a la Meca.
Mal puñalá le den
tu mundo y a ti
así rabie de ingrato
tenga mal fin.
Pasé Jimena
subí para la sierra
llegué a la Meca.
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En los abruptos dominios
del altísimo castillo,
en tierras de Almoraima,
nace un caudaloso río
que llaman Río las Yeguas
que brota de hoyo profundo
entre matorral y piedras.
Sombreado por raros árboles
de selva gibraltareña
y cavados por los cascos
de una hermosísima yegua
que la tenía Gerión
como reina de sus bestias;
Hermosa sacerdotisa
que por Tarssis la llamaban
y no había en todo el reino
quien a ella no la deseara
y que al montar en secreto
un caballo con la Diana;
Que la ninfa quitó al rey,
por ello fue transformada
donde brota el caudal de agua
por quien el rey invocaba.
Bajaba en serpiente el río,
porque su centro buscaba,
a la tan famosa bahía
que de Gibraltar la llaman
y en el mismo centro de ella,
dejando por las riberas
a los potros y a las yeguas
sus caudales y leyendas,
lentas se funden sus aguas
con las de la mar amarga;
frente a la puerta el infierno
que el llamado Peñón guarda
y protege la perra blanca.
Allí va y viene la barca
con Caronte y los muertos
cuando su viento del Este
humedece tierra y cielo
y lo que fue paraíso
lo convierte en un averno
y lo que fue Edén de edenes
es ya el tenebroso reino.
Mas cuando es viento poniente
vuelve a ser jardín de ensueño.
Y en este Río de Yeguas
llamado el Guadarranque,
luce sus ruinas Carteya;
Donde habitan los manes
entre ellos Cadalso y Susarte,
Florinda y el rey Rodrigo
y las princesas atlantes.
Allí sobre aquellas piedras
está la Cava y Gerión
y hablan con Pomponio Mela.
Allí Anteo y los omeyas
las grandes reinas tartessas
y las púrpuras princesas
y el gran argantonio y Orión.
Allá el niño y su delfín.
Acá mi Almoraima y yo
y otros que no nombro aquí.
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Por jaleo las estrellas
le hacían un fin de fiesta
a su Alhambra bien amada
en jaima de oscura seda
y a los montes ocres y oscuros
donde reverberan las gemas
de la felina jineta
y bebe y sueña la paloma
en sombrío espejo de acequia.
Cantaba una nuba el río
y sobre una nube blanca
que raptó el viento y llevó
dentro del bosque entre las ramas
y en los encajes oscuros
de la noche enjalbegada
cantaban los ruiseñores
entre el murmullo del agua
con sus templados melismas
Jondas soleás amargas.
El búho que guarda la Alhambra,
en el Patio de los Leones
junto al rumor del agua,
con sangre en el pico y garras
mira las verdes estrellas
del firmamento Granada;
Que bailan como gitanas
y esperan la siguirilla
de la blanca madrugada.
Y en el bello Lindaraja
Mohamad, el rey moro,
a la gran Tani invocaba
ylos anillos del moro
relucían como ascuas.
Por el gran orbe estrellado
la hermosa Tani brillaba
y sus grandes ojos moros
el sacro rito miraba.
Y desde un palco del cielo
hermosa y ensimismada
el gran escenario del mundo
con majestad contemplaba.
¡Luna Tani! ¡Luna Tani!
la mi gran reina la Alhambra
ordena al viento que lo haga
y que derribe sus puertas
mezquitas y atarazanas
y que piedra sobre piedra
ya no quede en sus murallas.
Que levante a los manes
y que destruyan las casas
y sepultada en el polvo
quede Al Yazirat Al Hadra.
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Quemaba incienso, Almoraima,
en los verdes jardines
que hay en la Paloma Blanca
y por el aire volaban
viejos ensueños de Cava.
Mirando al monte Diana,
con el pendón Doña Juana,
hacia la blanca ermita huía
y toda la morería
que en Gibraltar estaba.
Todas legión de María,
las judías y gitanas,
las moriscas y cristianas,
llevaban santos y santas,
la sagrada Cruz de Guía
y la custodia de plata
y las niñas y los niños
jarrones y joyas sacras.
Y detrás de sus mujeres,
conversos, cristianos viejos;
Ya católica unidad santa,
penitentes y nazarenos,
llevan el Cristo las Aguas,
el Señor del Gran Poder
y el Señor de la Caña.
Y algo la ciudadanía
que estaba con San Bernardo
y en la oración trinitaria
los sorprendió el asedio
mientras estaban labrando.
Y la pérfida Albión
queda acá en la isla Paloma
que con ingrata traición
desde el alto Calpe miraba.
Ya casi no huele a pólvora.
La jineta está más calma.
en iglesias y conventos
ya callaron las campanas
del Santo Padre de Roma;
Las había más en la isla
que en la ciudad de Granada.
Dejaron chillar los monos
y que huían de rama en rama
y el tiempo escribe en su libro
las ducas la blanca España.
Como el desgraciado Tántalo,
derramando amargas lágrimas,
el perro andaluz
desesperaba.
Desde la ermita San Roque
(el gran divino Esculapio)
sobre lo alto de un gran monte,
allá en la tierra labrada,
bajo la gran luna roja,
mira la gema perdida
allí en las aguas amargas,
con su collarín de aljófares
y sobre la mar en calma.
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Ya me iba pero me quedo
me quedo pero me voy
y este es un regalo, primas,
y que a vosotras os doy:
Y le sorprendió la noche
allá en el Peñón de caza
y dormido se quedó
rendido por la jornada.
Cuando se le apareció,
para vengar a la Cava
porque el misógino Hércules
robo en el río sus bueyes
que eran de azabache y plata
y sus bermejas manzanas,
en el sueño Gerión
del infierno regresaba.
Con sangre vengara el robo
le suplicaba el fantasma
al rey su hijo Argantonio
de las manzanas doradas
y la muerte la serpiente
que fiel siempre las guardaba.
Su corazón en la boca,
al desvanecerse el rey,
argantonio despertaba.
Se levantó y echó agua al fuego;
Aquel sueño le angustiaba
y otro sueño atormentaba;
Cuando la Cava su madre
después de muerta y enterrada,
vestida de blanco y sola,
le pidió que la peinara.
Montó en su jaca ligero
que fue un regalo de Diana
y dejó allí el jabalí
para con las alimañas.
Rondaba en el cielo
la hermosa diosa Anna
y agitaba el viento del Este
la mar y las ramas.
