lunes 3 de noviembre de 2008

Algunos de los poemas de la segunda parte de Abalorios de los Tres Rios




¡Oh! Ronda mía, maravilla,
más hermosa que tú, Ronda,
ni Granada ni Sevilla.
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Borracho, triste y cansáo
yo me eché sobre su cama
que olía como a jazmines,
clavo, canela, y retama.

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Plaza que la llaman de Armas,
plaza la Constitución,
dónde tu piedra de jaspe,
donde tus piedras lunares,
que se llevó la Gestión.
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Es ley pa el mundo
no haya marcha atrás
los momentos pasamos, prima, juntos
nunca volverán.

Pronto se va el tiempo
se va de las manos
corren los días como agua de río
no te lleve a engaño.

Tiré al Campo Santo
porque era Santa Ana.
pa llevarle a mi mare de mi alma
una rosa blanca.
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Monte... Monte de la Reina
por tus empinadas calles
el corazón se me alegra.

En el Peñón quiero comprá
una casita a un hebreo
que la tiene en propiedad.

Monte, carmen y jardín
el Peñón de Gibraltar
para vivir o morir.

Subí a lo alto el Peñón
y para ver las vistas
que dicen los marineros,
del mundo, las más bonitas.
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Por las calles de Tetuán
moritos vienen y van.
Unos venden en los puestos
otros le rezan a Alá.

Por la blanca medina
del divino Tetuán.

Si quieres lindos tomates
más lindos no los verás.
Si quieres pescado fresco
bajo el arco blanco están.

Por la blanca medina
del divino Tetuán.

Nuestra Sultana la Luz
todo lo quiere mirar.
Se mete por callejones
creando sombras de paz.

Por la blanca medina
del divino Tetuán.

Por la calles de Tetuán
moritos vienen y van.
Las dulces candelerías
ya empezaron a brillar.

Por la blanca medina
del divino Tetuán.

Si quieres un buen té verde
tres dirhams te costará.
Y con unos pastelitos
unos cuantos dirhams más.

Por la blanca medina
del divino Tetuán.

Nuestra Sultana la Luna
con su bello candil va.
Alumbra arcos y mezquitas
con su embrujo y majestad.

Por la blanca medina
del divino Tetuán.
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Gaucín, bello Gaucín,
espejismo blanco del río
y santuario del camino.

Con su hermoso rey niño
entre murallas y muros
de su vetusto castillo
tocado por el embrujo.

Balcón de la serranía
de tan fino arte moruno.
Gaucín, blanco Gaucín,
santuario en el camino.
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Y huele tu cuerpo, prima,
canela y clavo
quién se viera en tus ojos
trescientos años.

Pasé Jimena (¡Viva la Pepa!)
subí para la sierra
llegué a la Meca.

Alumbra este camino
Lela Marián
no veo ni mis manos
en la oscuriá.

Pasé Jimena
subí para la sierra
llegué a la Meca.

Y llegaron las lluvias
corren los ríos
vendrá la primavera
luego el estío.

Pasé Jimena
subí para la sierra
llegué a la Meca.

Mal puñalá le den
tu mundo y a ti
así rabie de ingrato
tenga mal fin.

Pasé Jimena
subí para la sierra
llegué a la Meca.
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En los abruptos dominios
del altísimo castillo,
en tierras de Almoraima,
nace un caudaloso río
que llaman Río las Yeguas
que brota de hoyo profundo
entre matorral y piedras.
Sombreado por raros árboles
de selva gibraltareña
y cavados por los cascos
de una hermosísima yegua
que la tenía Gerión
como reina de sus bestias;
Hermosa sacerdotisa
que por Tarssis la llamaban
y no había en todo el reino
quien a ella no la deseara
y que al montar en secreto
un caballo con la Diana;
Que la ninfa quitó al rey,
por ello fue transformada
donde brota el caudal de agua
por quien el rey invocaba.

Bajaba en serpiente el río,
porque su centro buscaba,
a la tan famosa bahía
que de Gibraltar la llaman
y en el mismo centro de ella,
dejando por las riberas
a los potros y a las yeguas
sus caudales y leyendas,
lentas se funden sus aguas
con las de la mar amarga;
frente a la puerta el infierno
que el llamado Peñón guarda
y protege la perra blanca.

Allí va y viene la barca
con Caronte y los muertos
cuando su viento del Este
humedece tierra y cielo
y lo que fue paraíso
lo convierte en un averno
y lo que fue Edén de edenes
es ya el tenebroso reino.
Mas cuando es viento poniente
vuelve a ser jardín de ensueño.

Y en este Río de Yeguas
llamado el Guadarranque,
luce sus ruinas Carteya;
Donde habitan los manes
entre ellos Cadalso y Susarte,
Florinda y el rey Rodrigo
y las princesas atlantes.

Allí sobre aquellas piedras
está la Cava y Gerión
y hablan con Pomponio Mela.
Allí Anteo y los omeyas
las grandes reinas tartessas
y las púrpuras princesas
y el gran argantonio y Orión.
Allá el niño y su delfín.
Acá mi Almoraima y yo
y otros que no nombro aquí.
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Por jaleo las estrellas
le hacían un fin de fiesta
a su Alhambra bien amada
en jaima de oscura seda
y a los montes ocres y oscuros
donde reverberan las gemas
de la felina jineta
y bebe y sueña la paloma
en sombrío espejo de acequia.

Cantaba una nuba el río
y sobre una nube blanca
que raptó el viento y llevó
dentro del bosque entre las ramas
y en los encajes oscuros
de la noche enjalbegada
cantaban los ruiseñores
entre el murmullo del agua
con sus templados melismas
Jondas soleás amargas.

El búho que guarda la Alhambra,
en el Patio de los Leones
junto al rumor del agua,
con sangre en el pico y garras
mira las verdes estrellas
del firmamento Granada;
Que bailan como gitanas
y esperan la siguirilla
de la blanca madrugada.

Y en el bello Lindaraja
Mohamad, el rey moro,
a la gran Tani invocaba
ylos anillos del moro
relucían como ascuas.

Por el gran orbe estrellado
la hermosa Tani brillaba
y sus grandes ojos moros
el sacro rito miraba.

Y desde un palco del cielo
hermosa y ensimismada
el gran escenario del mundo
con majestad contemplaba.

¡Luna Tani! ¡Luna Tani!
la mi gran reina la Alhambra
ordena al viento que lo haga
y que derribe sus puertas
mezquitas y atarazanas
y que piedra sobre piedra
ya no quede en sus murallas.
Que levante a los manes
y que destruyan las casas
y sepultada en el polvo
quede Al Yazirat Al Hadra.
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Quemaba incienso, Almoraima,
en los verdes jardines
que hay en la Paloma Blanca
y por el aire volaban
viejos ensueños de Cava.

Mirando al monte Diana,
con el pendón Doña Juana,
hacia la blanca ermita huía
y toda la morería
que en Gibraltar estaba.

Todas legión de María,
las judías y gitanas,
las moriscas y cristianas,
llevaban santos y santas,
la sagrada Cruz de Guía
y la custodia de plata
y las niñas y los niños
jarrones y joyas sacras.

Y detrás de sus mujeres,
conversos, cristianos viejos;
Ya católica unidad santa,
penitentes y nazarenos,
llevan el Cristo las Aguas,
el Señor del Gran Poder
y el Señor de la Caña.

Y algo la ciudadanía
que estaba con San Bernardo
y en la oración trinitaria
los sorprendió el asedio
mientras estaban labrando.

Y la pérfida Albión
queda acá en la isla Paloma
que con ingrata traición
desde el alto Calpe miraba.

Ya casi no huele a pólvora.
La jineta está más calma.
en iglesias y conventos
ya callaron las campanas
del Santo Padre de Roma;
Las había más en la isla
que en la ciudad de Granada.
Dejaron chillar los monos
y que huían de rama en rama
y el tiempo escribe en su libro
las ducas la blanca España.

Como el desgraciado Tántalo,
derramando amargas lágrimas,
el perro andaluz
desesperaba.

Desde la ermita San Roque
(el gran divino Esculapio)
sobre lo alto de un gran monte,
allá en la tierra labrada,
bajo la gran luna roja,
mira la gema perdida
allí en las aguas amargas,
con su collarín de aljófares
y sobre la mar en calma.
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Ya me iba pero me quedo
me quedo pero me voy
y este es un regalo, primas,
y que a vosotras os doy:

Y le sorprendió la noche
allá en el Peñón de caza
y dormido se quedó
rendido por la jornada.

Cuando se le apareció,
para vengar a la Cava
porque el misógino Hércules
robo en el río sus bueyes
que eran de azabache y plata
y sus bermejas manzanas,
en el sueño Gerión
del infierno regresaba.

Con sangre vengara el robo
le suplicaba el fantasma
al rey su hijo Argantonio
de las manzanas doradas
y la muerte la serpiente
que fiel siempre las guardaba.

Su corazón en la boca,
al desvanecerse el rey,
argantonio despertaba.

Se levantó y echó agua al fuego;
Aquel sueño le angustiaba
y otro sueño atormentaba;
Cuando la Cava su madre
después de muerta y enterrada,
vestida de blanco y sola,
le pidió que la peinara.

Montó en su jaca ligero
que fue un regalo de Diana
y dejó allí el jabalí
para con las alimañas.

Rondaba en el cielo
la hermosa diosa Anna
y agitaba el viento del Este
la mar y las ramas.



viernes 28 de marzo de 2008

Algunos de los poemas de los tres libritos del Cancionero de La Cava y Prólogo de D. Antonio Perez Girón (Cronista Oficial de la Ciudad de San Roque)

ABALORIOS DE LOS TRES RÍOS


Tierra e penas y alegrías
De miel de flores de sangre
Jardín de la morería.
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Iban los muertos de amor
Y les dije: adiós primos
Y el ultimito era yo.
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Mira qué borde este juego
Al que saca corazones
Se le llama majadero.

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Y ni tu eres ya la mar
Y ni yo soy ya un río
Lo llaman tempo y eternidad.

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En estita vía
Al pasar los años
De los errores que as cometío
Viene el desengaño.

Igual que el perdío
Que va por la mar
Navega el hombre por este mundo
Sin vé dónde va.

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Sufrimientos tuyos
Son también los míos
Tú pa mí, el camino y la montaña
Y el agua del río.


Al verte llorá
Me dite un mal día
Siendo tú tan buena y tan bonita
No lo merecías.

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Y te llaman Alegría
Otros te llaman Dolores
Otros Rosa María
Porque eres Reina las flores.



Campo de Gibraltar
Santuario de Cibeles
De donde vienen los ríos
De los Santos Lugares.



Mi sangre es de la mujer
Que lleva los jardines
De los ríos del Vergel
Dentro de sus ojos verdes.


De Gibraltar a Ronda
Se va por la Almoraima
De Ronda a Gibraltar
Hay que pasar por Jimena.

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Por romería
En el mes de Mayo
Cuando en los pinos verdes
Me llevabas de la mano.


Tengo una enfermedad
¡Ay!¿cómo puedo curarla?
Que fue por la calor
Y del baño en la charca.


Por romería
En el mes de Mayo
Cuando en los pinos verdes
Me llevabas de la mano.


A ti te supo a poco
Poco me supo a mí
¡el arrocito con carne
quién lo puede sufrí!


Por romería
En el mes de Mayo
Cuando en los pinos verdes
Me llevabas de la mano.


Tú no tienes caballo
¡ay! Porque eres probe
mas en la romería
montabas como naide.


Por romería
En el mes de Mayo
Cuando en los pinos verdes
Me llevabas de la mano.






LAS FUENTE DE LAS LÁGRIMAS




Más allá el reino la Alhambra
Y más acá de Santa Ana.
Más allá el reino la Alhambra,
Entre el crepúsculo y el alba,
Están los dos Campos Santos,
Los Campos Santos Granada.

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Catorce puertas tuvo
La ciudad de Granada.
Unas pocas no están
Pero algunas le queda.

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La patrona de Granada
Es la virgen las Angustias,
En la Alhambra es la Sultana.

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Por la puerta las Granadas
Se llega a la de Justicia
Por donde se entra a la Alhambra.

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¡Ay,vieja puerta de Elvira!
Bendita puerta enlunada.
¡Ay, vieja puerta de Elvira!
Bonita tú entre las puertas
La más flamenca Granada.

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Pa vé la puerta BibRambla,
Puerta que par no lo tiene,
Pa vé la puerta BibRambla
Coje hacia el Hotel Alhambra
Por la cuesta de Gomerez.

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Subí a la puerta Monaíta,
Está cerrao el camino.
Desde ella se ve la vega
Don van a la mar los ríos.

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Es mi Granada moruna,
La más grande maravilla,
Que pa vé el Belén de España
Se entra por la puerta Elvira.

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Solito vine a romper
Las cadenas a Granada
Y con ella las pondré
En las torres de la Alhambra.

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CALLES.



Calle de la Esperanza
Tan verde y blanca
Donde vivió la niña
La Niña Saba.


Por tu alfombra de arena
La virgen pasa
A hombros de marineros
Hacia la playa.


Y en la calle la Esperanza,
Desde las azoteas,
Se ven las barcas
Haciendo con las olas
Torres de plata.


Entre la sierra y la mar
Bajo la luna y la estrella,
Tu calle de la Esperanza
Es un suspiro la arena.



Y en la calle la Esperanza,
Desde las azoteas,
Se ven las barcas
Haciendo con las olas
Torres de plata.
......................................................................



Van diciendo que le han puesto
Su negro nombre a una calle.
Y esa calle la ando yo
Por el día y por la noche.


Callecita de la Pena,
Calle de los desterraos,
Ya tiene su nombre calle.
Callecita de la Pena,
Donde entra por los zaguanes
Y sale por los balcones,
El océano amargura
Con los corales del cante.


Calle que come suspiros,
Que se bebe manantiales.
Donde tú con tus pesares
La andas de día y de noche.


Su nombre por las esquinas
Son cuatro cirios de hielo.
Calle sin trinos del día
Que de penitencia y duelo.


Calle que come suspiros,
Que se bebe manantiales.
Donde tú con tus pesares
La andas de día y de noche.

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A la hija de Susán,
La hermosa hembra,
Metiéronla en un convento.
Dicen que por judía,
Yo digo que por dinero,
Su padre mucho tenía,
Y otros pa ellos lo querían
Y soñaban verlo muerto.


Que un execrable pecado
Dicen que ella cometió.
Que quiso su calavera
Poner en la calle ataúd.
Por su herética pravedad.
Pa expiar su impía culpa.
Que se enamoró un cristiano
Padre y suyos delató.
Que se convirtió Susana
Pa ocultá su magia negra.
Y que por esto y por lo otro,
Por lo que no se sabía.
Fue que acabó en el convento
Algún tiempo de su vida.
Y expiró calle Miseria.


Dicen que por judía,
Yo digo que por dinero,
Su padre mucho tenía,
Y otros pa ellos lo querían
Y soñaban verlo muerto.


Mas cuando murió Susana,
Noche e luna sevillana,
Pasó un ciego cantando
Entre la calle la Muerte
Y la callecita el agua,
Mirando para el alcázar:
Hija Susan el converso,
El de toca tunecí,
No te ha quedao ni lágrimas.
Seca te has ido de aquí.


¡Tamara, ay, mi Tamara!
te llevo de contrabando
vete a rezarle a la Virgen
y ya nos vamos najando.


¡Tamara, ay, mi Tamara!,
con nuestra sangre te escribo.
Estoy loquito loco.
Y tengo mucho tormento.
Lo que me pasa contigo
Tengo ponerle remedio.


Tamara, Tamara.
Tamara mi hermana.
Amor de una misma sangre.
Amarillo y plata.


¡Tamara, ay, mi Tamara!
Te llevo de contrabando
Vete a rezarle a la Virgen
Y ya nos vamos najando.


Y cuando nos persiga el viento,
Caminito de Santa Ana,
Y estén sonando las palmas,
Que con tus verdes ojillos
Yo veré el camino estrecho
Que lleva a Sierra Morena
Donde fue a morir el Cristo.


¡Tamara,ay, mi Tamara!
Te llevo de contrabando
Vete a rezarle a la virgen
Y ya nos vamos najando.


PRÓLOGO DE DON ANTONIO PEREZ GIRÓN
( Cronista Oficial de la Ciudad )


EL VIRAJE DE UN POETA HETERODOXO.



Con Cancionero de la Cava , Salvador de Ana, antes y siempre Voy, rompe con sus planteamientos anteriores. Aunque en los Versos Consagrados hay un resquicio flamenco, e incluso se traslada a éste una de sus partes, el Cancionero...le sumerge en esquemas más claros, más comprometidos con la cultura andaluza, entendida en sus expresiones más genuinas.

En este sentido el poeta escoge ese mundo con todas sus consecuencias, como un acto de agradecimiento a la cultura de un país, al que pertenece y fuera luz del mundo.

Este es un libro de literatura jonda, incluso en la parte dedicada a la copla, a la que intenta contagiar de esa misma literatura. Amante del flamenco, Salvador de Ana, mamó los cantes en ese rincón de oriente gitano de la calle prevención, su calle. Allí compartió, siendo apenas un muchacho, jornadas flamencas en casa de Dolores Jiménez. Escuchaba a Canastero, quién escribió letras a Camarón, y al que el poeta traía huevos que engullía crudos antes de lanzarse a los palos más duros. Y con Canastero los hijos de Dolores, Pepe y Joaquina, que envolvían de Saetas los días de Semana Santa. El vinilo no se quedaba corto por aquellas fechas, e impregnaba el ambiente unido al azahar y el incienso, anunciando el Viernes Santo Sanroqueño. Allí nacieron los mejores coros navideños de la comarca, con sus villancicos aflamencados. Y allí vivía Frasco, que hizo de su guitarra el lenguaje más claro en los amaneceres del Toril, acompañando a cantaores como Juanito Maravillas o Rosa Fina de Casares en juergas de señoritos.

Salvador nació en aquella geografía popular de la Colorá, de “guerrillas” y de picón comprado al Chiclanero, en el patio de la calle Consuelo.
Geografía de patios pobres, de gatos y de candelas en las tardes de invierno. La calle Prevención comunicaba con la calle el Sol, el símbolo de la Colorá, donde residía el patio Corea, patria de los escoberos. Calles que aún no han sufrido la agresión de las sombras de los grandes edificios, y todavía son bocanadas abiertas al paisaje de sierra Carbonera.
Noches al sereno en las puertas de las casas de tertulias de vecinos, de azoteas ventiladas de bahía.
De allí se proyectaba el quejío hasta el chamizo que Dolores montaba en la feria o en el reducido bar del mercado, en la plaza de los Caballos, donde Sevillano se hechaba unos fandangos. Escenarios de pequeña reunión, sin micrófono ni teatralidad, donde el flamenco desplegaba su verdadero imperio.

No se podrá entender el cante sin referirse al hombre, y no será posible entender a éste sin situarlo en su medio. Porque ya el flamenco se alejó del folklore, tomando una naturaleza indómita, desgarradora y hostil. La esencia trágica del hombre. La poesía más del pueblo, cantada a los cuatro vientos. Seguiriyas, soleares, fandangos, malagueñas, cantiñas, livianas...palos que pocos escriben y que Salvador lo hace para que sean cantados, para que con ese atributo del pueblo dejen de ser de quienes los creó, para ser de la cultura popular, para ser más realidad que literatura.

El poeta ama esa patria reducida de su pueblo y es su equipaje permanente, inolvidable. No renuncia a ese primer periodo de historia personal, más fuerte que otros, más necesario y curativo de otras heridas.

Salvador de Ana es de una generación que se deleitaba con Jimmy Hendrix o Pink Floid, pero que al final terminaba escuchando flamenco espontáneo en los bujíos del castillo de Castellar. Y para completar ese paisaje andaluz, el autor hace un recorrido por Granada, la ciudad tantas veces reivindicada en la nostalgia. Los destellos de un esplendor. Reflejos nazaríes que siguen vivos en el Albayzín, la Puerta Elvira o el Corral del Carbón. El agua de sabiduría andalusí que sigue circulando en los jardines de la Alhambra, aunque las fuentes estén inundadas de lágrimas de los últimos poetas andalusíes. Pero Granada pudo ser Sevilla, Cádiz o Málaga o cualquier ciudad a la que el destino mandó al poeta, y en las que nutre su espíritu.

Con el romance el poeta plantea el sentido que da titulo al libro: El mito de Gerión. El antagonismo entre hombre y mujer. Y aunque se mueve en una tierra de nadie, entre trincheras, finalmente, el autor tiende al matriarcado, como ya anticipa con su propio nombre: Salvador de Ana. El “niño” de cada casa andaluza.

Cancionero de la Cava es un viraje de un poeta heterodoxo. Una exploración de otros caminos, un ensanchamiento de pulmones. Y también de horizontes.

viernes 1 de febrero de 2008

Prologo y tres poemas de "los Versos Consagrados" (1998)

PRÓLOGO:

¡Oh, Majestad! La más querida de las reinas.
Pudiendo jurar yo ante nuestro Señor Jesucristo que no todo lo que se rumorea de mi es cierto, pues por una extraña condición, el pueblo tiende siempre a exagerar los sucesos o a subestimarlos y pone así de grande todo lo pequeño y lo grande menos grande, como lo grande más grande y lo pequeño más pequeño de lo que es, porque en su pasión, siempre dice y hace a su antojo y gusta desvirtuar de esta estoica manera la realidad por su extraordinaria imaginación y por su anhelo de justicia, afectada por la ignorancia y por los intereses creados en que subsiste y por su malicia, ¿ pues no fue el pueblo quien mandó al madero a nuestro Señor?, he decidido escribir lo que, según mi entendimiento, aconteció y mi norte es la verdad y la realidad. Y si me faltase virtud para expresarlo de manera que regale la sabiduría de su Majestad, merecería el reproche de todos los poetas del mundo por haberlo pretendido mi temeridad y dejar tan mal representado a mi oficio.


Llevando un día los Versos Consagrados en la mano mientras caminaba hacia mi casa, topé en un lugar fresco del camino con una grande e ilustre reunión. Como yo venía por la sombra, por la mucha calor que hacía, pasé cerca de ella y estando compuesto este grupo por íntimos amigos míos no pude escabullir el bulto y tuve que pararme ante él.

Como le dejé ver anteriormente a su Majestad se componía esta reunión por ilustrisimos señores:

Funcionarios, literatos, políticos, editores, curas, periodistas, jueces, psicólogos y de otros oficios varios que, con ocasión de unos Cursos de Verano que los invitó para que diesen conferencias, habían coincidido para celebrar una mesa redonda.

Y lo que no dije es que todos eran primos, no sólo míos, si no del mundo. Y se alegraron mucho el verme.

“¡Hombre, por fin te hemos atrapado con tus versos encima!.
Ahora no tendrás más remedio que leernos algunos de ellos”, dijo uno.
¡Sí! ¡Sí!”,irrumpió otro.
“Leenos un poema, holgazán ”...

Yo, sintiéndome acorralado y viendo venir la avalancha de admiración y solidaridad para con la poesìa y sus poetas y olor de mal aliento y sudor que se me echaba encima si me negaba a ello y no siendo ésta la primera vez que estos ilustrados de España me habían pedido y rogado que les leyese algo de lo escrito por mi, no pude negarme y decidí leer unos versos.

En mala hora lo hice, Majestad, porque la lectura resultó un rotundo exito e impresionó tanto a estas amistades mías, casi familia, que llegó a crear en ellos tal arrebato, que no hubo persona o primo en la reunión que no quisiera decirlo por la radio, escribir de ello en revistas literarias y libros de ensayo, sacarlo en televisión, editarlo, producirlo, decirlo en conferencias aún no siendo sobre temas literarios y en fin, en hacer lo imposible para que conociese el mundo, primo de ellos también, el libro que contenía tal maravilla de poema.

Empezé a verle las orejas al lobo, me negué rotundamente a participar de tales planes, escapé de allí como pude y mientras huía, eché sobre mis espaldas los reproches que me iban arrojando.
Pero como la desdicha va siempre por los caminos buscando a quién ofrecer su ofrenda de sufrimientos, a quién mejor que a un perro andaluz que la conlleva durante siglos en esta bendita tierra de Nuestra Señora la Virgen María.

Y fue que ocurrió, que mientras pasaba todo esto que os he ido contando, Majestad, había cerca de allí algunas mujeres y la curiosidad de ellas hizo que pusieran más atención a nuestra noble reunión que a la suya propia y enteradas de todo lo que allí se recitó y habló: de la maravilla del poema leído y de lo que pensaban de mi tan ilustres señores o personalidades, no perdieron ocasión en irse del lugar y contárselo al pueblo entero y después quisieron crear una hermandad e ir contándolo por el mundo.

Y después de la publicidad y el arrebato que creó la emoción y la pasión de estas mujeres, no hubo persona en el pueblo que no me reprochase el no haber leído mucho antes aquel poema y de que yo me empeñase en no querer publicar mi libro. Y este fuego prendió tan fuerte, que no tuve casi donde ir en la comarca sin ser azotado por esta devoción día y noche y tanto fue así que, si no sintiera el arraigo tan grande que siento por el Campo de Gibraltar, me hubiese ido de él.

La cosa empezó a ponerse negra y llegó a un punto la embriaguez de la gente que ya no encontré lugar donde estar sin ser intimidado con durísimos insultos y amenazas, acusándome de que mi locura se guardaba para sí lo que por ley pertenecía al pueblo. Y desesperado, porque siempre me gustó mucho callejear e ir de bares y ya llevaba varios días, que fueron para mí meses, encerrado en casa de mi máma, pensé mucho donde dirigir mis pasos y me decidí de ir, con riesgo de mi vida, a un bar que casi nunca va nadie, el cuál siempre llamó mi atención por su exclusión, y está en los arrabales de la ciudad de las Algeciras, que fue novia de reyes y de califas, famosa su gente en el mundo entero por sepultar su paradísiaco río, al cual llaman río de la miel, y por destruir su historia, que es lo mismo; remota historia que se oculta en la leyenda del tiempo. Y que se encuentra, siguiendo el arco de la bahía, a unos doce kilómetros de la ciudad de Gibraltar en San Roque, Monte Sacro, Carmelo, de donde soy y vivo; escuela de pesímismo y austeridad, santuario y paso obligado para la iniciación y consagración de todo gran poeta.
Porque la Linea de la Concepción, la medina que más amo de España, me quedaba demasiado cerca y peligroso, porque no hay allí quién a mi no me conozca. Y esto lo hice a partir de las dos de la madrugada y un lunes y en taxi en cuyo taxista yo confiaba porque era cliente suyo desde hacía muchos años y siendo un hombre de mundo comprendía la injusticia que conmigo se cometía en no permitírseme pasar desapercibido.

De pronto sentí una pedrada que pasó silvando muy cerca de mí, miré, había luna, y pude ver unos chiquillos que empezaron a gritar y a lanzar toda piedra grande o medio grande que recogían del suelo sus diminutas manos:

“A él, al que avaramente retiene el arte que pertenece al pueblo.”
“ ¡...Tiradle a dar..!”.
Creí que alucinaba.

Corrí como pude...
No supe cómo, pero escapé y maldije las vacaciones de verano de los escolares. Después me oculté durante un tiempo detrás del bar donde me dirigía entre unas cajas de cerveza vacías. Pasó la chiquellería, rastreando la pieza, jurandose los unos a los otros no descansar hasta que hubiesen conseguido atrapar al vampiro de Dusseldorf. Y cuando creí prudente, me despedí de un gato romano que allí había, nos deseamos suerte y dejé el sitio. Me senté en la terraza, que para mí era como la torre del homenaje donde podía verse venir al enemigo. Llamé al camarero, al cuál yo no había visto en mi vida y para mi sorpresa dijo:

Sé que le gusta el vino y la cerveza, pero yo no le serviré ná, porque usted no tiene el coraje de publicar un libro que es ya una leyenda. Así que ya puede irse antes de que venga alguien y le pegue, si es que no le pego yo, y lo haría si tuviera para un abogaó.”
Había allí una pareja de turistas japoneses y sabían español, porque quedaron maravillados de lo que escucharon.
Me levanté, y triste y cabizbajo me dije a mi mismo:

“¿Cómo puede pasarme a mi esto si yo no me llamo Jesus?”.

Me fui echando pestes y decidido a no salir de mi queli durante un tiempo tal que se olvidaran, si no del libro, cosa imposible, de mí, que lo dudaba mucho en aquellos difíciles días de mí fama y en los cuales la poesía puse de moda. Y siguiendo el camino de la noche con la tenue claridad de la luna, ¡oh, misterio del mundo!, surgió de él un cante dicho con una inmensa pena del dulce y fragil pecho de una niña, al cuál llaman fandango, y un muchacho la acompañaba al toque y decía el cante:

“¡Ay! Porque venía falto de sueño
y en una piera yo me acosté
y cuando me disperté
de luto vestía la piera
de verme padecé”.

Y después, Majestad, siguió cantando la inocencia otra letra que decía:

“¡Ay¡ y España tiene una bandera
hecha de sangre y de sol
si a mí me quitan de que la quiera
y entonces yo no sería español
sería de otra nación cualquiera”.


Seguí mi camino y ya sólamente me faltaba que también surgiera la música, en alguna que otra callejuela a mi paso, por la que iría ocultándome de la gente, de Amargura de José Font de Anta, antes de que llegase a mi alcoba y cubrirme con el velo de la oscuridad y por lo mucho que quiero a esta tierra y sus gentes y a mi mismo, me fui llorando.

Mas no quiera la virgen que estos arrebatos míos hagan sentirse incómoda a su Majestad y permítame decirle tenga piedad de mí, porque como la sabiduría de su Majestad entiende, nací y vine al mundo para sentir así y déjeme, para refrigerio de lo dicho, recordarle aquellos versos de nuestro amado poeta persa Omar Kahyyan, que decían:

“que había un lúgubre palacio
donde las reinas soñaron con la gloria
y las princesas con el amor
y que se despertaron llorando”.


En una ocasión, Majestad, me dijo un anciano que, siendo un muchacho, le contó su abuelo que yendo una dama con su hijo por la calle, esposa de un afamado político, se encontraron al paso con un burro y que estando éste requeriendo amores lo iba expresando desinhibidamente, llamando la atención de todo el mundo por las grandes cualidades que tenía para ello; porque como su Majestad sabe, los burros andaluzes son fuertes y grandes. Y que no siendo la primera vez que el niño se topó con él, le preguntó a su madre que qué era aquello que le pasaba al burro.
A lo que la madre le contestó que aquello que tenía el burro era la naturaleza. Pero el niño, confundido, le dijo a la madre que un día que su padre lo llevo a conocer el parlamento vieron al burro en el mismo estado y que el padre, a la pregunta de él, le respondió que lo que tenía el burro era una enfermedad. En fin que el burro estaba enfermo y si lo miramos desde otro punto de vista, Majestad, verdad es que es aún peor que una enfermedad o es una enfermedad mortal.
Y ante tanta desfachatez la tolerante madre le replicó:

“¡Ay, hijo mío de mis entrañas, mas quisiera tu padre, por lo que yo sé y todo el parlamento, por lo que sé de las demás damas, tener la enfermedad que padece el burro; que merece estar en el paraíso con la burra de San Francisco de Asis“.

Consciente el pueblo de que con el agrio y terrible boicot hecho a mi persona no había conseguido que yo ni tan siquiera recitase un solo verso, consiguió en su tozudez que se manifestasen los editores, los cuales decian estar indignados de que una obra así no se publicase. Esto lo supe por la radio, pues como dije, Majestad, yo me había decidido a no salir durante varios meses o años si necesario fuera con la angustia de saber lo que esto suponía para mi que tanto me gusta la calle como tanto le gusta a un gato en celo o más. Y enardecida la gente, mandó un escrito que llevaba la firma de todos ellos, o sea de todos los editores de España.

Pero no sabía qué clase de escrito era aquel ni a quién iba dirigido, pues esto no lo decian por la radio ni por la televisión, ni por ningun otro medio de comunicación para que yo no me enterase y sólo sabía que se trataba, por lo que decía una gente que pasaba por la calle y que yo pude oir, oculto tras la ventana de mi casa, la única ventana que da a la calle y que pertenece a la alcoba de mi máma, de que era un escrito mandado a persona importantísima y que tenía que ver mucho con la cultura. Pero no decian el nombre ni el mote de ella entre ellos por publicos lugares y esto lo habían jurado entre todos sobre el Evangelio y con pena de ser boicoteado aquel que lo dijese, para que así no pudiese llegar nunca a mis oidos, pues temían que yo, sabiéndolo, tomase la decisión de irme de estas tierras.

Y una mañana temprano oigo a mi máma que me llama:
“¡Salvadorillo, que te buscan!”.
Murmuré:
“¿Qué más me depara ahora la vida?”.
Pensando:
“¿No es por la madrugada cuando se llevan al condenado a muerte para el paredón?”.
Acabé de vestirme, que por mí nunca hubiese acabado de hacerlo, salí a desvelar tan amargo misterio y veo ante mi a nuestra señora la Ministra de Cultura.
“¿Señora Ministra?”.

Y con la más brillante y concisa diplomacia me dice ante la admiración de mi máma:
“¡Callése!”.
“Las perturbaciones sociales que ha...y está acarreando su talento ya sobrepasan mi paciencia y la de todo el Gobierno y sólamente benefician a los ambiciosos planes y a los absurdos proyectos de la oposición y a sus ridiculas criticas y por si no lo sabe la delegación de cultura de este pueblo me ha mandado un escrito firmado por todos los editores de españa pidiéndome que yo en persona le exija en nombre del Rey que publique su libro y a no ser así de aquí a poco aténgase a las consecuencias.”

Siguió:
“Debe razonar y darse cuenta que esto es ya un problema de estado...”
Prosiguió:
“Tengo fe en que usted recapacitará y tomará una sabia decisión. Así que anímese, dúchese y aféitese y publique ese Evangelio que toda Andalucía y España desea leer y merece conocer el mundo.”

¿Sabe usted lo que significa la tranquilidad?
Le aseguro que si publica el libro conseguirá la huerta que desea y que siempre ha soñado, con un manantial y junto a un río y cerca de la mar...

Y tendrá un pozo y una torre..
¡Publíquelo!.
¡Qué andaluz no se rinde ante la Ministra de cultura y se resiste ante su promesa de que le regalará el Edén!.

Viendo, Majestad, que el pueblo no desistía de su empeño y que había presionado a la Ministra tanto, que ésta hubo de exigirlo en nombre del Rey y prometiendo sin limites como en tiempo de elecciones promete en sus campañas electorales, desistí yo del mío; que era éste el no querer ser conocido en el mundo entero y con pesadumbre decidí publicar los versos, porque quisiera o no quisiera, inrremediablemente, ya iba camino de serlo por martir o por filósofo.

Los mandé a una editorial. Ésta me recomendó que los mandase a un premio o concurso literario, que sería mucho mejor para mí. Los mandé pero el premio se lo dieron a un pobre por caridad cristiana. Los mandé a otra editorial y ésta me dijo que me esperara dos o tres años para que así tuvieran tiempo de pensar y llevar a cabo la publicación que merece un manuscrito de tal categoría y que además en estos momentos la sociedad española estaba un poco alterada y que más adelante, cuando en España estuviera más asentada la democracia y la gente la hubiese asimilado aún más y estuviera más acostumbrada a ella y más relajada, sería más conveniente. Porque la poesía requiere tranquilidad para recrearse en ella.

Y siendo yo de condición que me gusta terminar bien y pronto lo que me propongo y que mañana es pasado mañana. Y maldecido por el pueblo que decía que habiendo pasado tanto tiempo, cómo que aún no había podido publicar los versos. Y habiendo llegado la situación otra vez a calentarse tanto que una noche que fui a refrescarme de la calor, un camarero muy análogo al otro que me quiso echar el caballo encima con chulerías, pero más borde, me dijo que no me serviría una copa por nada del mundo, puesto que yo había escrito un libro impublicable y que no había poeta más raro, maldito, frustado y mediocre en el universo. Y que si no me iba de allí me daría fama y fortuna por todo el cuerpo hasta que me llegase al alma y al cual no tuve más remedio que escupirle. Y viéndome libre aún de tener que llevar una coqueta cuchillada en la cara, si no de la muerte por pena o por martirio, decidí publicarlos por mí mismo, en tiempo de elecciones o en el mundial de futbol y porque la moda es lo que está de moda y todo pasa, con la ayuda de unos humildes ciudadanos porque, solidarios, quisieron hacer también suyas mis aventuras aquí contadas, que ya eran una leyenda del infortunio más grande aún que la historia de España. Que, aún pareciendo ser escritas por mano de loco, son fruto del humano devenir.

Y pasados, Majestad, estos coqueteos, he adquirido la costumbre de llevar otro nombre.

Firma:
Fuente Ovejuna.
A veintitrés de Julio del año de Nuestro Señor Jesucristo del mil novecientos noventa y ocho.
Dios guarde a su Majestad y le dé una larga y plácida vida en este mundo.
Y permítame felicitarla por ser tan feliz abuela.



TRES POEMAS

Mi madre decía un día
Que el calor es la vida.
En las húmedas noches de invierno
Las mujeres contaban oscuras historias
Alrededor de una añorada candela.
Las que más me impresionaron
Fueron aquellas en las que la gran protagonista
Era la rabia.
Una noche hablaban de un sepulturero.
Decían de él que tenía la debilidad
De echarles los muertos a los cerdos.
Y que de camino los despojaba del lastre del oro
O de toda cosa de valor que llevasen encima.
Ofendiendo de esta horrible manera al primogénito de los muertos.
No había cochinos más lustrosos
Que los de la parte Este del cementerio.
Pero una joya bellísima descubrió ante el mundo
El secreto de su desvívido dueño para alimentarlos.
Era esta joya unos zapatos de novia de una hermosa muchacha
Que murió antes de poder celebrar su boda.
Lo atroz del drama conmovió al amante y a la familia de tal manera
Que quisieron sepultarla vestida como una bella crisálida.
Y así fue que la enterraron con el precioso vestido blanco
Y todos los demás objetos necesarios que ella guardaba amorosamente
Para el día de la consagración.
El pueblo se horrorizó.
La justicia se apresuró en prenderles fuego a los puercos.
Y el humo de la cremación, bajo la luz de la luna,
Fue ascendiendo por los cipreses góticos.
Las mujeres contaron que el carismático enterrador
Acabó con sus huesos en el hotel.
Mas no sé si después escapó.
Pues imaginación tenía.


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Una noche junto al fuego
Mi madre contó una historia horrible.
Quería advertirnos del peligro que entrañaba
No ser escrupulosos con lo que pudiéramos
Encontrar perdido o dejado en la calle.
Decía que una mala bruja
Dejó caer un pañuelo
Cerca de una hermosa muchacha
Con la intención de que la inocente y bella criatura,
Al verlo, se prendase de él.
Así ocurrió, porque el pañuelo, era bonito
Y la muchacha, cuando se encontró con el pañuelo,
No se lo pensó tres veces y se lo llevó consigo.
Vivía justo detrás de la calle que da a la parte Este de la iglesia.
Decía mi madre que la pobrecíta niña
Se enroscaba bajo la mesa como si fuese una culebra.
Como entre el cielo y la tierra no hay nada oculto,
Llegó a saberlo la guardia civil.
Pues la gente estaba horrorizada.
Prendió la justicia a la mala bruja
Y la llevaron a casa de su víctima.
Y tan insoportable era el sufrimiento de la joven,
De su familia, de la gente y de la guardia civil,
Que uno de los gerés le dijo que si no curaba a la criatura
Le pegaría un tiro allí mismo.
Le contó mi abuela a mi madre
Que, cuando la mala bruja estaba curando a la pobre niña,
Le sacaba a ésta gusanos
De las uñas.


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Otra noche,
Junto al fuego,
Hablaban las mujeres
Sobre un desgraciado muchacho
Que fue mordido por un gato blanco.
Cruzaba nuestro inocente amigo
Una calle solitaria
Con la única ayuda
De la luz de la luna
Ávido de encontrarse con su amada.
Cuando, de pronto, fue atacado
Por el horrible monstruo
Que surgió de la oscuridad más absoluta.
Causándole una lamentable herída, la cual,
Por su pequeño tamaño y poca profundidad,
Una vez pasado el susto y huído el lebiatán, olvidó.
Pasaron las lunas
Y llegó el día de su boda.
Justo a los cuarenta días
De la mordedura del monstruo.
La consagró y la celebró.
Y llegado el momento,
Se despidió de sus amigos y familiares,
Y se retiro con su joven esposa,
Ansiosos los dos de encontrarse pronto
En la intimidad del calido tálamo.
Y esa misma noche rabió.





domingo 6 de enero de 2008

Regalo de Reyes

Primas y primos, tios y abuelos
yo tambien le he pedido un regalo
a los reyes magos para ustedes. Un poema.
Espero que os guste y lo disfruteis más que yo
pues para crear hay que trabajar y
soy tan vago....... y tan pesimista.
También espero que no me excomulgue por esto o
me mire con recelo mi religión católica.
Más que mía la culpa sería de mi excentricidad
y mis vivos, impulsivos y temerarios deseos
de llamar la atención.
Que la virgen, nuestra señora, me perdone.
Mil besos para todos.



Por las callejuelas
va la reina cruenta
Perséfone altiva
todos le hacen reverencia
comensales del festín
los excluidos a la cena.
Querría redimirnos
de nuestra cruz eterna.

Blanca medina del mundo
por ti camina la reina
no le mires sus sagais
inclinaté en su presencia.

Va la reina caminando
caminando va la reina
coronada de hiedra verde
y de granadas bermejas.
A la magestad su paso
todos hacen reverencia
comensales del festín
los excluidos a la cena.
Querría redimirnos
de nuestra cruz eterna.

Blanca medina del mundo
por ti camina la reina
no le mires sus sagais
inclinaté en su presencia.

Vieron Granada nevada
sus cumbres y sus cipreses
vieron sus Santos Lugares
y palpitar la gran noche
vieron sentada en la Alhambra
a la sultana Perséfone
la vieron en Lindaraja
conjurando todo el orbe.

Caminando va la reina
hacia su gran palacio ocre
donde el viejo rey muere
oyendo mugir los montes
y ya el nuevo rey nace
junto al rumor de las fuentes.
Rosa de carmín y cera.
Querría redimirnos
de nuestra cruz eterna.

Blanca medina del mundo
por ti camina la reina
no le mires sus sagais
inclinaté en su presencia.

lunes 10 de diciembre de 2007

Chronicle by F Oliva

(reviewed by F Oliva, news editor Gibraltar Chronicle)

A short collection of romantic poetry loaded with the recurring theme of love and death “Eros y Tanatos”, an explosive, essential combination from which the author crafts his literary architecture.
San Martin’s deep understanding of tragedy in the classical world gives coherent texture, not exempt of macabre undercurrents, to the work without detracting from its enjoyment.
A sense of transcendence is admirably transmitted although elements of popular tradition – a touch of peasant folklore and flamenco, the inescapable rhythm of the land – resonate throughout.
The poet is sensitive to a myriad of influences. Images of Andalucia, the mixture of Christian and Moorish cultures, key references to Greek mythology, the Bible and the magic nights of passion that can often turn desolate as human relationships inevitably flounder.
San Martin weaves a space where reality and dreams are interchangeable. As he darts in and out of consciousness, bittersweet memories flow through his poetry, a river where Narcissus succumbs to his reflection and where deities await to be worshipped.
The Campo de Gibraltar a hunting ground for Artemis, rhyme conceived as an existential battlefield where gods and men strive in search of virtue.
His poems boldly define love as eternal and immutable; they become vehicles for the author to convey timeless truths. The fascination with the female form impregnates the work, an ordinary tryst can be turned into an unforgettable experience even a new beginning:

“Y desde la noche clara,
en que yo a la mujer vi,
ya no hay noche ni dia,
no la tenga dentro de mi”

In his verses the contemplation of female beauty is a mystical revelation as the woman becomes the path to happiness and paradise; it can be visualised as an uplifting Platonic incarnation, yet the descent into the carnal and its terrible anxieties is never far away:

“Mas a mi mente venia
Esa terrible sentencia
Que hiela el corazon
Que despues de la alegria
Va la tristeza y el dolor”

Additionally, as befits tragedy, the terrible Erinyes (Furies for the Romans), flutter their wings menacingly waiting to unleash their vengeance on all who dare transgress the laws of man. San Martin will bear witness of how the “Gran Diosa” will cast her long shadow and finally restore the order of the universe.

It is perhaps also appropriate that the triangle Algeciras, Gibraltar and La Linea should form the backdrop for a cross border love story, where the poet deploys the full power of his verses to achieve the miracle and render the frontier and other physical obstacles irrelevant:

“Tu y yo nos vamos a ve
pilotando unas barquitas
entre las olas la bahia
con las velas en la brisa”

jueves 25 de octubre de 2007

Semblanza

EN TORNO A LA POESÍA DE SALVADOR DE ANA

Lo popular y lo profundo se une en el verso de Salvador Jiménez Sanmartín Voy. Poeta hecho a sí mismo, curtido en mil batallas de la vida, hace que el poema contenga los saberes olvidados, el recóndito conocimiento de un mundo de dioses, la música del romance, la herida popular del flamenco.
Fiel a su forma de sentir la vida y de escribirla, Voy es de la calle, de la búsqueda en el barrio de los versos que escriben en el aire los humildes. Él es entonces Salvador de Ana, el vecino de todos, el “niño” de toda la vida, capaz de ser rebelde y mesurado, abierto y profundo, pero siempre poeta. Y no es un convencimiento propio, una declaración formal. Todo lo contrario, es vivir en la forja de la poesía, esa vertiente que está en el paisaje de los días, y que muy pocos alcanzan a descubrir, y menos a describir.
Cuando ya la literatura ha perdido la bohemia de otros tiempos, cuando el mercado impone sus reglas más severas y el poeta es cada vez más un ser extraño y recluido, Voy recorre las calles y aspira hondo, proclamando que la poesía “es el pan de cada día”, amasado y horneado con el trigo de los campos soleados, la lluvia y los vientos de este Sur andaluz.
Y ante ello, ante ese decidido caminar a pecho descubierto, no cabe otra cosa que desear, que sigan brotando las espigas.


Antonio Pérez Girón
Cronista oficial de San Roque

Danzas para la gran diosa

Cantaban los ríos moros
entre las peñas y ramas
y el aguador por los montes
el blanco manto llevaba.
Ya por los grandes chaparros
la noche se descolgaba;
rompía el estrecho amargo
laTani en barca argentada.
Mientras los ríos corrían
arrastrando hojas y ramas
entre las sierras abajo
mi corazón se embriagaba
con un rito sacro y mágico
que su lengua pronunciaba.
A la diosa del amor
y de la tierra invocaba
porque éste corazón loco
a Almoraima no olvidaba.

¡Almoraima! ¡Almoraima!
Escucha esta Nuba eterna
que habla de pasión más grande
que la Calixto y Melibea.
Allá en la distancia estaba
como la luna en la sierra
con ella se adivinaba
que el tiempo siempre ha sido ella
porque el tiempo es la Tani
que en el universo reina.

Almoraima en la medina
duerme con otro en la alcoba
y huele su rosado cuerpo
a tierra y plantas de aroma.
En su dulce y ardiente sueño
conmigo plena gozaba
y yo en las llamas de las velas
de nuestra unión disfrutaba.

Por el Este ya relincha
la ardiente cuadriga baya.
Ya se van viendo los ríos
y a la mar que abrazan.

Con rosada y blanca bruma,
sobre las sierras lejanas,
como si arrastrase un velo,
hacia el Norte, va la luna.

----------------------

Una noche de invierno
que no paraba de llové.
Había luna en el cielo
y era imposible de vé.

Sonaban los panderos
por la calle Clavel.

Llegué a la puerta mi prima,
yo no se cómo llegué,
llevaba una borrachera
no me podía sostené.

Sonaban los panderos
por la calle Clavel.

Primita abre la puerta,
prima, dame un poco café.
Yo a ti no te abro, lo juro,
ve a otra con el almiré.

Sonaban los panderos
por la calle Clavel.

Primita, por tu bata, abremé
que traigo una borrachera
no me puedo sostené.

Sonaban los panderos
por la calle Clavel.

------------------

Con mis poemas
yo voy y vengo
y entre ir y venir,
por el realejo
a una mujer yo vi.

La mujer estaba en sus cosas
y calle abajo venía
y al cruzarnos, su mirada,
vino a encontrarse con la mía.

Yo perdido en sus sagáis
por la callejuela arriba
la perdí sin darme cuenta
cómo desaparecía.

Yo no sabría decir
si ella fue una visión mía
o fue el embrujo el Realejo
la luna en la judería.

Y desde la noche clara
en que yo a la mujer vi
ya no hay noche ni día
no la tenga dentro de mi.

Yo vuelva a ver a esa mujer
le pido a Luna María
pa que conmigo comparta
las duquelas y alegrías.


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Primita de mis sagáis
vente tú conmigo al río.
Que yo mucho te respeto
que yo no pienso tocarte
ni la ropa de tu cuerpo.

Vente tú, prima, conmigo.
Vente tú, conmigo al río.
Porque estando yo contigo
yo me hayo en el paraíso.

Vente tú, prima, al río.
Que si ya te he conocío
viviré ya con la angustia
de no haberte venío.


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Dónde nos vamos a encontrá
si vives en Algeciras
y yo vivo en Gibraltá
y por medio está la Línea.
Dónde nos vamos a encontrá.

Yo lo voy a cavilá
con gusto este problemita
y que nos viene a amargá.

Yo quiero que nos rompamos
los dos juntos las camisas
aunque eso no puede sé
ni en el Peñón ni en la Isla
ni en el pueblo de la Línea.

Tú y yo nos vamos a vé
pilotando unas barquitas
entre las olas la bahía
con la velas en la brisa.

El Santo Encuentro va a sé
el que vamos a tené.
Tú con la Rosa los vientos
cogida en tu blanco pecho.
Yo cargaíto con papel
y tinta para mis versos
y así nos vamos queré.

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Acabo, bata, llegar
a mi blanca soledad.
Tengo lágrimas de alegría
en mi mente la beldad.

Yo vi el vellocino de oro
y las manzanas brillar.
Pasé los ríos y bosques
que están siempre más allá.

Porque a ella Albión la guía
con su bien pude llegar
con sus ojos y sus manos
yo pude aquí regresar.

Vi encrucijadas y sierras
más allá de la ultramar
y conversé con la esfinge
y bebí del manantial.

Vi las ciervas por los montes
y vi el delfín en la mar.
Vi el marinero en la playa
y al campesino labrar.

Porque a ella Albión la guía
con su bien pude llegar
con sus ojos y sus manos
yo pude aquí regresar.


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Era ella quién conducía
me arrastraba su beldad
y en el camino veía
señales que me anunciaban
tiempos de serenidad.

Por el Norte inabarcable
llegamos a aquél lugar
y la esperaban en él
el dulce río y las Náyades
junto al divino Pan.

La gente ya iba y venía
mirando alegre hacia el cielo
por la hermosa serranía
buscando a su Majestad
pero andaba con aquél
que trajo desde la mar.

Era perfumada fiesta
como aquél Generalife
del que hablaba Juan Ramón
y con su pródigo cuerno
que el Aqueloo perdió.

Mas a mi mente venía
esa terrible sentencia
que hiela el corazón-
que depués de la alegría
va la tristeza y el dolor.


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Primera parte:


Los manantiales profundos
brotaban en la noche clara
en la odisea del tiempo
por el imperio de Diana.
Mansa el agua en un camino
con la gran luna espejeaba
arrebatando las almas
de todo ser que pasaba.
Narciso humano y divino
ensimismado miraba
y era ya el agua profética
su imagen perturbada.
Y es el agua inabarcable
la blanca sombra su tana.
Era el tembloroso espejo
su amante petrificada.
La ahuyentaba con la mano
la imagen volvía clara.
La besaba con los labios
la imagen se le entregaba.
La explora con los ojos
se perdía en su mirada.
Escrutaba sus señales
y a su fondo no llegaba.

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Segunda parte:


Bien entrada la mañana,
con sus potentes badajos,
tañían las campanolas
llamando a los parroquianos-
penetrando las ventanas
con sus sonidos pausados
desde la torre remota
de la iglesia los cristianos.
Eran de Santa María-
la que está en un monte en lo alto.
Tañían el toque a muerto
blanquecino, lánguido y amargo-
ese mismo que, Don Juan,
tuvo que escuchar llamándolo.
Ya queman incienso y mirto
las erinias en el cuarto
y hacen que lluevan pétalos
sobre el incestuoso tálamo-
el tálamo con tres lunas
dónde yacíamos erráticos.
Ya oía el murmullo en la calle
del silente entierro sacro.
Veo que llevan Tamar
sus siete caballos blancos,
muerta, para el arrabal
y camino de los campos.

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Tercera parte:


Cerca ya del bello ocaso
tras un poniente dulce y ocre-
con la Santa Compaña-
dejando la luna al norte
va la Primavera Blanca
atravesando los montes.

Detrás va Edipo y los otros-
cómo si un loco sonámbulo
el príncipe Edipo, roto,
arrancándose los ojos.
Ya detrás la Pena y el Llanto
con sus lutos rigurosos
y los músicos tocando.

Los ríos, valles y montes
se oscurecen con los campos.
Sobre la torre remota-
que guarda Eros y Ttanatos-
con sus badajos yacentes
ya las campanolas duermen
dejando el pueblo silente.